Esta técnica en esencia consiste en poner en contacto los óvulos procedentes de la mujer y los espermatozoides. Recibe el nombre de in vitro porque este proceso tiene lugar en el Laboratorio, fuera del organismo de la mujer. Los óvulos fecundados darán lugar a los embriones que serán transferidos al útero, donde deben continuar su desarrollo.
Según el origen de las células reproductoras utilizadas en este procedimiento existen diferentes modalidades:

Habitualmente, en un ciclo normal sólo se desarrolla un óvulo cada mes. Para la Fecundación in vitro es importante disponer de varios óvulos. Esto permite optimizar el proceso y disponer de más posibilidades de obtener embriones de calidad y mejorar las tasas de embarazo.
Para ello se procede a la inyección, ya sea vía intramuscular y/o subcutánea, de hormonas que actúan sobre el ovario. Las dosis utilizadas deben individualizarse en función de la masa corporal (IMC), edad, determinaciones hormonales de primera fase, aspecto de los ovarios (número de folículos preantrales), respuesta a la estimulación en ciclos previos si los ha habido y nuestra experiencia.
Requiere de varios controles ecográficos (3 o 4) para monitorizar la respuesta. Suele durar entre 8 y 12 días. Al comprobar que los niveles hormonales y el número y tamaño de los folículos es el adecuado, se desencadena su maduración mediante la inyección de una hormona llamada hormona coriónica humana (HCG).

La extracción se efectúa en el quirófano, con control ecográfico vía transvaginal, unas 36 horas después de la administración de la HCG. La extracción de los óvulos se realiza mediante la punción de los folículos maduros aspirando el líquido folicular.
La duración media de esta intervención es de unos 15 minutos. Se realiza con anestesia (sedación) para evitar molestias y movimientos inoportunos.
La recuperación de la paciente es muy rápida ya que transcurridas 1 o 2 horas se cursa el alta médica.
El riesgo de sufrir alguna complicación durante la extracción de los óvulos es de 1 por cada 2.500 casos, por lo que se puede considerar inapreciable.

Los líquidos foliculares se llevan al Laboratorio de Fecundación in vitro donde se localizan y recolectan todos los óvulos. Éstos se colocan en placas con un medio de cultivo adecuado dentro de un incubador, debidamente identificados y numerados. Los incubadores los mantienen en un ambiente adecuado en cuanto a temperatura, humedad, proporción y pureza de gases.

Para realizar esta preparación, el Laboratorio de Andrología procesará la muestra espermática con la Técnica de Capacitación Espermática más adecuada en función de la calidad de esta muestra y nos permitirá seleccionar y aislar los espermatozoides con mejor movilidad.
En aquellas ocasiones en las cuales hay que obtener los espermatozoides directamente del testículo, ya sea por aspiración (TESA) o biopsia (TESE) es necesario realizar un tratamiento específico de los espermatozoides.
Actualmente existen dos métodos para facilitar la fecundación de los gametos (células reproductoras): 1) la Inseminación Convencional y 2) la Microinyección IntraCitoplasmática de Espermatozoides (ICSI).
Inseminación Convencional: es el procedimiento por el cual se ponen en contacto los óvulos que aún están dentro del cúmulus (grupo de células que envuelven el óvulo) con los espermatozoides previamente tratados con la finalidad de que los propios gametos realicen la fecundación. Para realizar esta técnica se necesita una concentración mínima de espermatozoides con buena movilidad de 100.000 espermatozoides por mililitro.
ICSI: La microinyección intracitoplasmàtica (Intra Citoplasmic Sperm Injection) consiste en introducir directamente mediante micromanipulación un espermatozoide dentro de un óvulo maduro.

Sólo es necesario un espermatozoide móvil por cada óvulo maduro, por tanto, esta técnica se puede aplicar en muestras espermáticas de muy baja calidad, incluso permite la utilización de espermatozoides procedentes de epidídimo o testículo (obtenidos por aspiración o biopsia testicular en los casos en los cuales no existen espermatozoides en el eyaculado).
Esta técnica (ICSI) requiere una preparación específica de los óvulos y de los espermatozoides, así como un complejo proceso de micromanipulación de los gametos para poderla llevar a cabo. Los óvulos tienen que ser liberados del cúmulus. Este proceso se realiza con la finalidad de poder constatar la madurez de los óvulos y poder realizar la técnica de micromanipulación correctamente. Antes de la microinyección de los óvulos, los espermatozoides hay que inmovilizarlos. Para ello, los espermatozoides, previamente seleccionados según su patrón de movilidad y morfología, se les fractura la cola con la ayuda de la micropipeta de ICSI. Posteriormente con la ayuda de la micropipeta de sujeción se fija el óvulo mientras se introduce el espermatozoide inmovilizado con la micropipeta de ICSI al citoplasma del óvulo maduro.
La validación de la fecundación se realiza transcurridas 16-20 h post ICSI o Inseminación Convencional. Para que exista una correcta fecundación, es condición sine qua non que el embrión presente unas estructuras propias de la fecundación. Cualquier variable o la no presencia de estas estructuras supone la no ejecución de la correcta fecundación y por tanto descarta estos óvulos para seguir adelante en el proceso.
Los óvulos fecundados, ahora ya calificados de embriones, se mantienen en cultivo en el incubador durante algunos dias, como máximo 7 dias después de la obtención de los óvulos.
El cultivo embrionario permite el desarrollo in vitro de los embriones.
Los parámetros usados para discernir la calidad embrionaria son morfológicos: ritmo de división celular, tamaño y forma de cada una de las células, núcleo de éstas, presencia de fragmentación y grado que se expresa, aspecto del citoplasma y de la zona pelúcida (cubierta del embrión), etc..
Basándose en estos criterios, el embriólogo podrá seleccionar los embriones considerados viables, reservándolos para la transferencia dentro del útero o la congelación y descartar aquellos considerados no viables.

El momento de devolver los embriones al útero materno se decide en cada caso particular. Dependiendo de las características de los embriones, el embriólogo aconseja el momento más adecuado de la transferencia (normalmente los días dos, tres o seis después de la obtención de los óvulos).
En alguna ocasión se puede desaconsejar la transferencia ante la baja calidad embrionaria o algun problema endometrial.
La transferencia es un proceso no doloroso, que normalmente no requiere anestesia. Con la ayuda de un catéter se depositan los embriones en el fondo del útero. Este proceso se controla por ecografía abdominal.
Actualmente se transfieren entre 2 o 3 embriones, ya que la elevada tasa de implantación aconseja limitar el número de embriones a transferir para reducir el riesgo de gestación múltiple.
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