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15/01/2018

La congelación de óvulos por motivos laborales se duplica en Tarragona

La congelación de óvulos por motivos laborales se duplica en Tarragona
Crecen las tarraconenses que vitrifican óvulos por razones sociales para ser madres en el futuro. Unas 100 lo han hecho. Está a punto de nacer el primer niño tras esta práctica 

Tarragona está a punto de asistir a los primeros alumbramientos fruto de vitrificación de óvulos por motivos sociales. En unos días nacerá el primer bebé tras este tipo de congelación realizada por cuestiones laborales. La criogenización se realizó en 2011 y la fecundación, en 2017. Temas personales y profesionales hicieron que la mujer, que dará a luz en breve, se planteara esta técnica de preservación del material ovárico para primar durante unos años su carrera y aparcar la maternidad con las máximas garantías de tener descendencia en el futuro. 

La tendencia va al alza en los últimos años, y crea con ello un debate por ser una técnica controvertida desde el prisma ético y de la igualdad. ¿Es adecuado que las empresas fomenten la congelación de óvulos en sus empleadas para retrasar tener hijos?

Subir en el escalafón profesional

La preservación de óvulos en España por motivos sociales, básicamente ligados a la empresa, se ha incrementado un 261% en los últimos cinco años, frente al 125% que obedece a motivos médicos. «Hemos notado un incremento de las consultas. Aún cuesta que la gente piense en ello pero poco a poco lo hacen, y a edades cada vez más tempranas», cuenta Jordi Aragonés, médico especialista en reproducción asistida y director de la clínica Biogest, en Reus.

Aquella técnica empleada desde hace un lustro para preservar la fertilidad en mujeres que iban a pasar por quimio, radio o cirugías determinadas de ovarios se hace un hueco entre las treintañeras tarraconenses, con un perfil claro: un empleo de responsabilidad, ambición para priorizar la trayectoria profesional durante unos años en detrimento del aspecto personal y esa amenaza del reloj biológico y el momento límite. «Cada vez más gente pregunta con una edad adecuada, más entre los 30 y los 35 años que a los 40, como pasaba antes», añade Aragonés. «Son personas que congelan por temas laborales. Tienen una carrera o se van al extranjero  durante un tiempo. A veces son chicas que han tenido dificultades con chicos y ya piensan que no van a conseguir pareja pero no se ven en el momento de tener hijos», cuenta Ignacio Mazzanti, director de Procrear, en Reus. 

Aunque no hay cifras exactas, alrededor de 100 tarraconenses ya han apostado por ello. Embryogin, otro de los centros, da fe del incremento. Si en 2016 no llegaron a 10 las mujeres que congelaron, en 2017 el número alcanzó las 20. Es el doble, a pesar de que se trata de una muestra pequeña y de que la práctica sigue siendo minoritaria frente a una mayoría que congela por cuestiones médicas. Hace dos años, el número total de mujeres que habían vitrificado en la provincia rondaba las 40. «No es un aluvión de consultas. No es masivo, pero cada vez hay más gente que pregunta y que, sobre todo, lo acaba materializando», cuenta Imma Saumell, directora del laboratorio de la clínica Embryogin, en Tarragona.   

Se trata de una maternidad tardía, generalmente vinculada a carreras profesionales largas, de nivel y con cierto éxito. «La mujer tiene muchos estudios y mucho trabajo. La vida profesional te hace postergar la maternidad», añade Mazzanti, que admite el aumento: «Cada vez hay más casos de chicas que preguntan y que acaban haciendo el tratamiento. Sigue siendo un segmento minoritario pero cada vez más amplio». En la clínica Procrear, alrededor del 10% de las congelaciones realizadas tienen que ver con razones que van más allá de las necesidades médicas o de salud. 

Jordi Aragonés desglosa otras características del perfil: «En ocasiones están empezando a subir en su escalafón profesional. Tenemos algún caso incluso de alguien que ha venido con pareja, pero con una situación laboral incierta. Una pareja estaba a caballo entre España y Hong Kong. Ella tenía 33 años. Veían claro que por lo menos hasta de aquí a cuatro años no tendrían estabilidad». 

El debate de las empresas

La polémica al respecto ya ha llegado a España. El Club de las Primeras Marcas de la Comunidad Valenciana (alrededor de 20 empresas de diferentes sectores) anunció en noviembre que algunos de sus miembros habían alcanzado un acuerdo con el Instituto Valenciano de Infertilidad para ofrecer a su plantilla ventajas en la preservación de óvulos. 

Las clínicas tarraconenses no quieren entrar en ese debate sobre la supuesta presión de las compañías a sus empleadas al respecto. «Es una presión relativa. Lo que hace una compañía es decir simplemente: ‘Podéis hacer esto’, y os podemos ayudar. Se les ofrece a gente que despunta como una opción más», concreta Jordi Aragonés. «Es difícil entrar en estos temas. La biología es la que es. Las técnicas van avanzando como lo hace la propia sociedad y se convierten en una opción más. En realidad, según la naturaleza, la mejor edad son los 25 años y eso sabemos que muy pocas veces pasa hoy en día», añade Mazzanti. 

«La mayoría de casos son de mujeres que priman la vida laboral durante un tiempo. Lo ideal es no superar los 35 si queremos que la calidad de los óvulos sea máxima», zanja el doctor Enric Güell, director del laboratorio del Institut Conceptum, en Reus.